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Desde hace un tiempo se oye el concepto “clean eating”o traducido, comer limpio. Esta nueva tendencia consiste en llevar a cabo unos hábitos alimenticios que eviten alimentos procesados y refinados. Esto quiere decir que en vez de reducir carbohidratos o calorías, lo importante es fijarse en el proceso que ha sufrido ese alimento desde que nace hasta que llega al plato. Los defensores de esta nueva tendencia saludable se cuentan por miles, entre ellos actrices como Gwyneth Paltrow y modelos como Miranda Kerr. Que definen” comer limpio” no como una dieta sino como un cambio en el estilo de vida.

Las personas que defienden la tendencia “comer limpio”, aseguran que no es una dieta al uso, sino un estilo de vida

Pero, ¿“comer limpio” es tan saludable como parece? La idea de esta nueva vertiente es cocinar los alimentos desde cero, escogiéndolos en su estado natural y eliminando los azúcares refinados, alimentos procesados, bebidas edulcorantes y bebidas alcohólicas. Algo que a priori aparenta ser beneficioso para el organismo, pero que en su parte más extrema aconseja: evitar lácteos, granos, excluir el gluten y hasta fomentar una dieta crudivegana.

Eliminar o excluir estos alimentos de nuestra dieta puede ser contraproducente para nuestro organismo. La Sociedad Nacional de Osteoporosis de UK encontró que una quinta parte de los menos de 25 años estaba eliminando los productos lácteos y que esto podía tener un perjuicio a largo plazo para su sistema óseo.

Lo cambios radicales en nuestro estilo de vida sin el seguimiento de un especialista pueden ser perjudiciales para nuestra salud.  Los expertos aconsejan que la mejor dieta sea una dieta que se ajuste a las necesidades del paciente. Además de tener una dieta variada y rica en verduras, hortalizas, frutas y pescados, que nos aporten las vitaminas necesarias para nuestro día a día. En algunos casos, cuanto más restrictiva es la dieta menos saludable llega a ser.