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Es posible que en más de una ocasión hayas escuchado hablar de la comida adictiva. Aunque pueda sonar extraño, hay determinados tipos de alimentos que, en efecto, más apetecen cuanto más se consumen. Aquellos que incluyen las famosas grasas trans, azúcares refinados y otros componentes pueden tener sobre nuestro cerebro un efecto similar al de muchas drogas, llegando incluso a crear síndrome de abstinencia.

Pese a que el índice glucémico es uno de los principales indicadores del nivel de adicción que puede llegar a generar un alimento, no es algo reservado a los dulces. Los alimentos con gran cantidad de grasas saturadas y azúcares provocan, al ingerirlos, que nuestro organismo segregue una sustancia llamada dopamina, un neurotransmisor íntimamente ligado a la sensación de placer y bienestar que también se desarrolla al consumir determinados estupefacientes o incluso tabaco.

No sólo los alimentos azucarados provocan adicción.

Ese bienestar azucarado es lo que engancha y hace que el cuerpo pida más y más. La inmensa mayoría de los alimentos que provocan la segregación de dopamina por parte del cerebro humano están prohibidos (o al menos restringidos) por todo endocrino que se precie: hamburguesas, pizzas, queso, pasteles, patatas fritas, bollería industrial, chocolate o refrescos convencionales son algunos de los miembros de esta lista.

No implica que no puedan consumirse, pero hay que hacerlo con moderación, ya que pueden hacernos entrar en un bucle de consumo y sensación de gozo del que costaría salir para reorientar nuestros hábitos alimenticios hacia una rutina más saludable.

Los carbohidratos, las grasas y hasta el colesterol son necesarios para una adecuada alimentación y un correcto funcionamiento del organismo, pero en su justa medida. Una dieta equilibrada debe mantener a raya determinados alimentos y limitarlos a un consumo ocasional, antes de volvernos dependientes. Un truco para distinguirlos: son aquellos que, como con los bombones de después de comer o los helados, podríamos seguir comiendo aun sintiéndonos saciados.

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