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Ya están aquí esos días tan esperados por unos y repudiados por otros. La Navidad significa muchísimas cosas al mismo tiempo. Pero, sobre otras muchas, lleva inherente una realidad ineludible: comilonas. La cena de Nochebuena, la comida de Navidad, fin de año, el 1 de enero, Reyes, reuniones con familiares, con amigos… Cada fecha en el calendario trae implícita su comida o cena de turno, y no suelen ser precisamente ligeras. Por ello, es conveniente aplicar algunos trucos para que la Navidad sea menos pesada.

Puede que no sea suficiente, pero una de las principales premisas a seguir es la ley de la compensación: si en Nochebuena viene cena potente, a mediodía una ensalada; si la comida de Navidad ha sido copiosa, por la noche algo ligero; si esta noche toca reunión de antiguos alumnos, quizá la mañana sea buen momento para ir al gimnasio. No bastará, pero mitigará el mal. Pese a que estas fechas se consideran insalvables y un asumido paso atrás en todo régimen alimenticio, conviene no dejarse llevar y amortiguar el golpe. De lo contrario, el 7 de enero llegarán las lágrimas. Sin renunciar a nada de lo que implica la Navidad, mantener el equilibrio dentro de unos límites e intercalar sesiones de ejercicio depurativo entre comida y comida puede ayudar a que las fiestas pasen sin causar un gran desorden en nuestra línea.

Otros trucos para que la Navidad sea menos pesada pueden sonar básicos, pero ni repitiéndolos mil y una veces se aplican. Especialmente uno: el autocontrol. Ese último trozo de turrón de chocolate puede quedarse ahí. Quizá la gamba de la vergüenza le apetezca más a otra persona de la mesa. Aunque no me termine el cordero, podrá congelarse o comerse otro día. Afirmaciones que es bueno repetirse interiormente para así asimilar antes de que un solo bocado más termine por hacernos explotar. No terminarse todo lo que hay en la mesa no significa tener que tirarlo a la basura. Se puede aprovechar días después.

La sensación de pesadez estomacal y de haber comido demasiado son recurrentes en Navidad. No hay una fórmula mágica para pasar de puntillas por estas fechas, pero quizá todos los trucos para que la Navidad sea menos pesada puedan resumirse en dos palabras. Autocontrol y compensación. No hay otra.